Nathy Peluso usa la moda como una extensión de su personaje artístico. No suele vestirse solo para seguir una tendencia: construye personajes, gestos y pequeñas narrativas visuales que acompañan la música. Ella misma ha dicho que la ropa le sirve para contar historias, jugar con distintas identidades y empujar los límites de su estética; para el escenario, además, necesita prendas que permitan moverse y bailar. MALPORTADA (2025) es su giro más claro: un EP de seis canciones dedicado a la salsa. Incluye «A Caballo» y el tema que da título al disco, con Rawayana. Nathy ha contado que quería abordar la salsa desde una perspectiva femenina, con el carácter desafiante y la energía que históricamente se asociaban más a voces masculinas
Lo más reciente: el 8 de octubre se anunció un vídeo en directo de unos 30 minutos, grabado en el Movistar Arena de Madrid durante el cierre de la gira GRASA en febrero. Incluye MALPORTADA junto a Beto Montenegro, de Rawayana
Una estética teatral, pero con intención
Su imagen suele moverse entre lo sensual, lo poderoso y lo exagerado. Puede llevar un traje amplio que recuerde a una jefa de negocios y, en otra ocasión, un body brillante, cuero de pies a cabeza o un vestido ajustado. Esa mezcla de códigos masculinos y femeninos es una de sus señas: no presenta la sensualidad como algo delicado o pasivo, sino como una forma de ocupar espacio.
La etapa de GRASA reforzó el lado cinematográfico de su imagen. Los trajes de raya diplomática, las hombreras marcadas y los guantes evocan el imaginario de una jefa mafiosa o protagonista de una película de gánsteres. Ese lenguaje visual conversa con canciones como Aprender a Amar y Mafiosa. La idea tiene fuerza porque coincide con su interpretación vocal y su manera de moverse: Nathy no lleva un look discreto para desaparecer dentro de él; lo lleva para actuarlo.
Su mayor virtud es la coherencia entre cuerpo, ropa y música. Nathy tiene presencia para llevar tanto un traje amplio como un body metalizado o un vestido teatral, y suele darles intención mediante el gesto, el baile y la interpretación. Su estilo no busca la neutralidad: prefiere ser memorable, sensual y un poco excesivo.
El riesgo es que la teatralidad se repita y que algunos looks parezcan más personaje que ropa personal. Pero en su caso esa es también la propuesta: construir una artista que pueda cambiar de papel sin perder su identidad. Como estilo escénico: 9/10. Como moda cotidiana: menos constante, pero deliberadamente más impredecible.
